Aquel hombre compañero (Ejercicio – Breton)

Aquel es el hombre que elijo, con su discurso pacifico y una voz mezcla de miel y guerra.

Aquél, hombre a mi lado, acompañando cual sombra, unión de mimo, protección y complicidad.

Es el lleno de locura, vida y espíritu. Lleno de decires, y libertades ganadas.
Aquel el hombre que me elige. Completo en sus creencias, ávido en su reflexión. Hacedor y pensador constante.
Aquel mi hombre con pecho bravo, con pene aguerrido, con ojos profundos.
Aquel es el hombre amado. Con labios llenos de verdad, con lengua parte aguijón parte terciopelo.
Es ese el hombre que puede con sus manos sanar y batallar. Que usa sus dedos para tocar cada una de las letras y cada una de mis cuerdas como sinfonía eterna.
El hombre lleno de placeres propios y compartidos. Con espalda amalgama de coraza y lecho de mi descanso.
Es él, mio y suyo, libre. Que se sostiene en sus piernas, columna de vello, pivote de historias, sostén de realidades.
Es aquel mi hombre de ojos de espejo, figura que me devuelve quien soy. Es mi otro yo, el otro cuerpo que reconozco en mi mente.
Es él, soy yo, somos.

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Soy

Soy mujer. Ni bebé, ni nena, ni minita.
Soy mujer ni feminista ni feminazi ni ninguna etiqueta estúpida que generes para ningunear el cambio de mi imagen en la historia.
Soy mujer y sangró y siento y atravieso ciclos. Y eso no es vergüenza, eso me da el poder al que le tenés miedo y por eso elegiste y eligieron ponerme un pie en la cabeza y sacarme derechos, despreciarme, y darme un lugar “detrás de un gran hombre”.
Soy mujer y luche años para que no me toquen el culo en un colectivo, para que la sociedad piense en mi como alguien que necesita sentir placer tanto como vos, para que no me juzguen por como me visto, con cuanta gente dormí, y si eran hombres u otras mujeres.
Soy mujer y sigo luchando para criar hijos varones que miren a sus compañeras mujeres como pares, para que trabajen codo a codo en la casa y con sus hijos.
Soy mujer y no necesito un macho, ni que me mantengan, ni que me cuiden, ni me protejan. No soy mas vulnerable que vos. Simplemente no tengo miedo de decirlo, ni de demostrarlo.
Soy mujer, amo, siento, lloro, quiero, deseo, tanto como vos.
Soy mujer y defiendo mi derecho a un sistema de salud que me cuide siempre, me trate en un sanatorio privado o en una salita publica. Necesito que entiendas que mi cuerpo es mio, que decido sobre él, que no quiero morir producto de tu desidia, violencia, o negligencia. Necesito parir o abortar con los cuidados necesarios, con entendimiento, con respaldo.
Soy mujer y quiero un lugar en la política sin ser ‘primera dama’ segundona, quiero ser parte de la comunicación sin mostrar un escote, quiero decir sin transar mi ética. Quiero tener un trabajo que me permita tener un salario digno para mi y mis hijos o familia. No pienses mas que al lado mio hay otro sueldo. No es necesario que sigas pensando que necesito a alguien al lado. Puedo trabajar a la par de cualquiera y tener el mismo sueldo.
Soy mujer, no soy tetas o concha, soy humana y vibro con cada vínculo que tengo. No soy un cuerpo. No me vendas, no me esclavices, no me toques si no lo quiero, no me drogues o emborraches para acceder a mi cuerpo. No me trates como objeto.
Respeta mi edad, mi conocimiento, escuchame, vibra conmigo, aprendeme, sentime, puedo ser mucho mas de lo que imaginas o te dejaron imaginar.

Luciana Palmisciano – Junio 21, 2017.

Felicidad.

Soy feliz cuando hay un cielo sorprendente esperándome en la parada del colectivo a la mañana.
Soy feliz cuando llego a casa y Malcom aulla y Garu sube a la mesa y me acerca el hociuito, y un minuto después, Mario se asoma haciendo algún chiste zonzo.
Soy feliz cuando desayuno sola el domingo en mi cama, rodeada de cosas ricas y diarios y libros y compu y celu. Mientras me pongo al día con la vida.
Soy feliz cuando me engripo y logro taparme hasta la nariz, ponerme medias de lana, tomar un antitérmico y un te con limón, jengibre y miel. Y simplemente no hacer nada de lo esperado.
Soy feliz cuando miro a alguien a los ojos y me devuelve verdad. Esa sincera, inocente, sentida e invaluable verdad. Llena de amor y complicidad.
Soy feliz cuando alguien me agasaja, me agradece, me dice algo lindo, me da un beso o un abrazo.
Soy feliz cuando camino bajo el sol escuchando música. Amo el rock, el jazz, la música clásica, el blues.
Soy feliz cuando siento que hice el bien, cuando hago cosas justas. Cuando puedo dar luz y ayudar.
Soy feliz con cada conflicto que resuelvo. Cada lágrima que derramo. Con cada aprendizaje que me atraviesa. Y con cada dificultad que esquivo.
Soy feliz con los vínculos que creé y que cuido día a día.
Soy feliz cuando puedo dar besos sentidos, bien dados. Cuando puedo abrazar con el corazón. Cuando logro una conexión con el otro. Cuando hay sincronía.
Soy feliz todos los días un poco.

 

Luciana Palmisciano – Junio 15, 2017.

El salto

Estoy lista y no se para qué. Mezcla de excitación con miedo, incertidumbre con pasión. Mezcla de sensaciones de la cazadora que soy y de la mujer que fui.
Estoy lista y no sé que hacer.
Mezcla de duda y esperanza, de anticipación y terror.
Mezcla de curiosidad y aventura.
Estoy lista no se que me espera. Tengo miedo pero es mas fuerte mi necesidad de vida. Amalgama de quien soy en mi dualidad de tierra y fuego. Acá en mi pragmatismo más raso y mi arder constante de ilusión.
Tengo ese miedo como de saltar en paracaídas hacia la felicidad más plena, con todos sus sabores, sus sentires y sus ambiciones. Y mi cuerpo se sobresalta en la mas honda emergencia buscando gozo y seguridad, todo al mismo tiempo.
Como soy yo, una mezcla de blancos y negros absolutos. Un poco seria y otro poco graciosa. Una mujer lúdica en medio de un despegue trascendental. Hacia un futuro incierto en sucesos pero certero en búsquedas.
Tengo miedo a lo que desconozco, casi como si le temiera al amor que jamás conocí.

 

Luciana Palmisciano – Mayo 28, 2017.

Te deseo…

Te deseo paz, no algo trillado, sino la que hace que duermas todas las noches y que disfrutes los días.
Te deseo amor, no el de los corazoncitos o el 14 de febrero, sino el que se gana con acciones,  buena fe y el dar desinteresadamente.
Te deseo salud,  no para que sientas que poder engullir desquiciadamente,  sino que te deseo bienestar, salud mental y equilibrio espiritual. Te deseo que no duelas en ningún sentido.
Te deseo riqueza, no económica sino energética. Deseo que puedas abrirte al otro, sentirlo ayudarlo desde tu lugar. Te deseo empatia con cada ser de este mundo, que entiendas de sufrimiento, de violencia y de la estigmatizacion.
Te deseo acción.  Deseo que sientas ganas incontrolables de levantarte a hacer. Que cultivos tu propio alimento, que trabajes por los tuyos, que escribas lo que sientas y que digas lo que pienses. Que pongas tu opinión sobre la mesa.
Te deseo libertad, deseo que puedas decidir sobre vos y y elijas ser feliz bajo tus propias reglas. Que nunca te sometas. Que disfrutes de tus desiones y que vivas  tus elecciones.
No te deseo felicidad porque todo lo que te deseo es felicidad sin mas.
Deseo que no necesites placeres mundanos porque escribiendo tu historia, sólo existiendo y siendo fiel a vos mismo vas a ser feliz.

Luciana A. Palmisciano – Abril 8, 2017.

La grieta

Hace un tiempo que se escucha hablar de “la grieta” como si fuera algo nuevo. Algo que nunca existió. Como si nunca hubiera habido una realidad social distinta que empuja una opinión pública dividida.  Como si hubiera un “yo” social ciego a sus propios problemas o aunado en una sola opinión.

No entender que la grieta siempre existio es una negación a la realidad social evidente hace mucho más que los 30 años de democracia bananera que venimos viviendo.
Así que es mas fácil hacer como que la realidad social del otro no existe, no nos importa,  y no es parte de nuestra vida.
La grieta es una grieta social, económica,  educativa, monetaria,  alimenticia, de salud, seguridad y bienestar.

La grieta es la que aparece cuando ves a alguien en situación de calle y haces como que no existe.  Como si el alma se te hubiera muerto.  Como si la razón para que esa persona esté ahí es culpa suya y de nadie más. Y no pensas, ni se te pasa por la cabeza pensar en esa persona cuando votas. No es tu problema.

La grieta es la que hace que le des más plata a Apple comprandole un celular o una computadora mucho más que lo que le pagas por año a la señora que limpia tu casa. Porque tu necesidad de estatus es mayor a la necesidad del otro. Sea ésta persona, tu empleado o un amigo en una situación económica o laboral de mierda.

La grieta es esa que nos divide en educación pública y privada. Porque  la escuela pública es para negros de mierda, para los pobres, por más que sepas que de ahi salieron grandes mentes: Del nacional Buenos Aires,  de la UBA.  Pero porque cuestionar el presupuesto de la educación pública si puedo pagar la privada?
La grieta es la que cuestiona los planes sociales. Porque el concepto de injusticia social no lo manejas, pensas que lo que tenes te lo mereces y el otro que no tiene “debe ser que no lo merece”. Nunca se te paso por la cabeza pensar que todos merecemos lo mismo.  La misma educación,  los mismos cuidados médicos,  la misma calidad de vida, tener una dieta balanceada. Porquea a grieta es la que te permite aceptar que alguien gane por debajo de la linea de pobreza. O que un operario de 25-30 años de antigüedad se jubile y necesite ayuda de familia y amigos.  Y si no los tiene. Hace cuentas porque es o comer o tomar los remedios.
La grieta hace que pienses que sos superior a alguien: exclusivo,  premium, platinum. Porque podes pagarle más a alguien que te ve como un número en estudios de mercado. Para el marketing y el consumismo sos especial. Pero todos sabemos que sos un pobre infeliz defendiendo “la libertad de consumo” que no es más que esclavizarte pagando cuotas por un celular o alguna pelotudez de tecnología. “Cosas lindas” que no sienten nada por vos y que vos en un año las vas a querer cambiar por otras.
La grieta es la cultura del uso de todo y el amor por nada. Es el consumismo generado por esa política Neoliberal que defendes con uñas y dientes.

Así que mientras me lees pensando que tengo razón pero jamás lo vas a verbalizar o aceptar frente a nadie. Empeza por aceptar el concepto de grieta y elegí tu lado. Ojala algún día decidas cruzarte y unirte al pensamiento colectivo de justicia social.

Luciana Palmisciano – Marzo 29, 2017.

Time to say goodbye

Hay cinco cosas que no sabes de mi:
No sabes que usaba zapatos ortopédicos de niña. Que me  los obligaban a usar, que me dolían y los sentía tortura con cada paso que di y hasta que me rebele y empecé a dejarlos de lado. Es por eso que tengo el arco vencido y adoro vivir en patas.  Y no hay calzado que me guste más que andar en patas por el pasto o la arena o aún mejor, en mi casa sola, tomando café,  en bombacha y una de esas remeras enormes que dejaste el día que te fuiste.
No sabes que uso mucha crema en mis rodillas. Y que las exfolio cada día de mi vida desde hace más de 20 años.Tengo este pequeño TOC desde mi adolescencia. Ahí fue cuando me di cuenta que tenia mis rodillas más ásperas que los demás,  debido a eso que paso cuando era chica, el día que abrí la puerta de una camioneta en movimiento y quede colgando de la manija, mis rodillas pelandose contra el asfalto. Mis padres gritando, los autos tocando bocina, y yo llorando y aferrandome a la puerta y a la vida tal como lo hago hoy, como si fuera el último día de mi vida. Y no lo fue. Esas rodillas me siguen sosteniendo, y hace unos meses huelen a sandía,  porque juego con el olor de las cremas que compro para suavizarlas tanto como lo áspero de mi vida.
No sabes que extraño mi pelo largo  Qué cuando lo corte sentí que perdía parte de mi fuerza y mi esencia. Que adoraba no saber que hacer con el. Disfrutaba de tener freeze, y que la gente lo mire y me haga preguntas al respecto. No sabes que lo siento una parte mía importante, que me define, me acompaña y me da luz. Que disfruto cuidarlo, peinarlo y que me lo acaricien o lo peinen.Mi pelo es mi gran compañero de aventuras,  esa característica que me hace sonreír mejor.

No sabes que me da vueltas la cabeza. Que si duermo para el lado donde dormías vos, el mundo me da vueltas sin parar. Me mareo, me da miedo y solo puedo girar para no sentir más ese vértigo horrible. A veces pienso que son solo mis cervicales y la tensión de no haber tenido trabajo, ni comida y ver que las deudas se acumulan y se acomodan en mi espalda pinzando mis nervios y mareandome. Otras, pienso que quiero que el mundo pare y el tiempo se detenga y me deje vivir mi vida, disfrutar de mis años y mi juventud. Y sólo vivir para verte mimarme,  hacerme el amor, comer algo rico y viajar a lugares nuevos que nos asombren.

No sabes como te extraño y cuanto me repugnas. Amé tu lado amable. El que me dejaba soñar con futuro. Y odie tu lado oscuro. El que me he sentir usada hasta el último minuto.
Es hoy que puedo entender que fuiste alguien significativo, fuiste la última persona que me lastimó en lo más profundo de mi y la última persona con la que esperaba escribir momentos de risa y complicidad. Incluso hoy, cuando hablamos comprendo que jamás me elegiste.  No me elegiste a los pocos meses de estar juntos, ni me elegiste cuando decidiste irte. Pruebas de un desamor que no sabes que sé, porque cuando quiero no puedo enojarme, ni putear, ni ubicarte en ningún otro lugar que el del objeto de afecto. Y por eso te cuide siempre.  Hasta hoy, donde te cuento este sexto dato que no sabes de mi.

Hoy te suelto para siempre. Me despido y desaparezco. Ese amor propio al que le fui infiel con vos me reclama a viva voz, el ser feliz.
Luciana Palmisciano – Marzo 14, 2017.