Pesadillas

Creo que fue en el medio de aquella tormenta, donde vi el viento desde tu ventana. Allí donde los árboles se ven a lo lejos, donde las sirenas casi no se escuchan. Recuerdo haber sentido nauseas, negar la toma, entender las consecuencias. Pero nada más. Solo me di cuenta de algunas sensaciones, de tener el pelo revuelto, de sentirme libre de mi soledad.

Creo que vislumbre algo en la mañana de aquel encuentro. Ese que tuvimos a escondidas, cuando nos escapamos de nuestras vidas a vivir una aventura locuaz, llena de detalles estúpidos, de cuentas baratas, de licores amargos, de colores vacíos.

Sospecho haber imaginado que algo sucedía cuando me di cuenta de que tus facciones no eran horribles, creí que alucinaba ante tanta rareza. Aquella que me hacía seguir hablando, sin hacer lo que deseaba. Y me fui.

Imagino que algo presentí, la tarde que me quedé más de la cuenta, porque me encerraste en un silencio que nunca pude llenar. Y me perdí. Me perdí en un laberinto de nadas que formaban un castillo, ese rodeado de peligros. Y me hundí.

Pensé que capaz era un sueño, aquel atardecer donde pude hablar más de lo esperado, y pude liberar aquellos abrumantes pensamientos, esos que me hacen muy propia y de nadie. Y escapé hacia mi paraíso de silencios y barreras iracundas.

Nada es cierto, ni cuerdo, ni real, ni tangible. Pero lo siento. Siento todo eso invadirme. Y me sentí en la larga pesadilla de tu amor. Y huí.

 

Luciana Palmisciano – Abril 25, 2013.

 

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No importa

No importa que tengas aquel auto último modelo, importa que me transportas, que contigo vuelo.
No importa ir a puerto madero, siento que cuando estoy contigo bebo de tu piel, me nutro de vuestro suspiro.
No importa si dices que me amas, o me quieres o qué sientes. Importa lo que no dices, tus gestos tus atenciones de inconmensurable amor.
 

No importa si vives en La Quiaca, en Barrio Norte o en el Contigo. Importa que estás conmigo, que no hay nadie más, que te completo.

No importa tu seguridad, importa que lloras conmigo, que mis brazos te alientan, y que yo en los tuyos vivo y muero en un instante.

No importa tu entrega fugaz, tu aseveración perfecta, tu verso despampanante. Importa que soy parte tuya y tú mía.

No importa la perfección de tus facciones o la belleza de tus trapos. Importa que en tu pelo descanso y que en tu pecho anido.

No importa si vives de la madera, del metal o de la piedra. Vives de tus sueños, de tus acciones, y de tu ambición.

No importa si la sociedad te reconoce, si tu historia supera la de muchos, si has dormido con una ciudad. Hoy eres mío, único y yo única para tí.

No importan tus imposibilidades, ni las mías. Esto es real, tangible y lo vivimos.

No importo yo, ni tú. Somos nosotros y ya nada es igual.

 

Luciana Palmisciano – Agosto 28, 2008.

De porqué a veces se necesita un hombre, pero de verdad

Y porqué no? Acaso, no es cierto? Creo que los necesitamos siempre. Siempre hay que abrir un frasco, atornillar una silla que ya esta media clueca o tirar un chorro de ácido muriático a la bañadera que esta un poco pasada de óxido.

Y los hombres se han ganado el desagradable lugar del “arregla todo”.

No importa qué es lo que no funciona o funciona mal, siempre hay una mujer preguntándoles como arreglar esto, aquello o lo de mas allá.

El pago? Si sos un suertudo quizas un poco de romance. Sino, sos el eterno amigo de la morocha que solo te llama para que la ayudes y nunca para que te ayude ella. Eso si, por lo general nunca hay plata de por medio…

-“Hola, Carlis, podrías venir a casa que se me rompió el duchador y no me puedo bañar?”

Y ahí esta Carlos, en 5 minutos como perro de caza. Pero lo rígido no es la trompa y no apunta a la presa. “No lo puede creer, esta divina!” piensa. Y el cayó a la casa justo cuando tenía el bikini ese amarillo de las tiritas y la toallita al hombro.

-“Y Carli, que pensás que le pasó?”

Y Carlos embobado y con una leche tremenda piensa “Cualquiera se tapona mirándote a vos, MAMASA INFERNAL!!” Ahí fué donde Carlos perdió los seis años de análisis de sistemas, los postgrados en Inglaterra, Los viajes a Suiza, y toda la educación que le dio su mamá.

Y lo cierto es que nos aprovechamos, jamás vas a llamar a Ignacio, tu otro amigo médico que es un bombonazo, que te gusta y que no sabe nada de la vida. Ignacio perdió su valor en hombre el día que se hizo cirujano. Dejo de ser práctico y por eso por más que esté que se parta, no lo llamas ni a palos, “Ese duchador es mi vida, sino como me baño!”

Somos aprovechadas eh! Carlos es un rey, es bueno, práctico, inteligente, se da maña y nosotras nos fijamos en el inútil del doctor?! No se vale.

Y lo cierto es que Ignacio, quizás, y solo quizás, nos dio bola.

-”Mamá! Me caso con el cirujano que te conté!”

Y se te dió. Es hermoso, exitoso y nos dio un anillo. Nos casamos en una iglesia de sueño y fuimos Malibu Barbie ese verano en que nos fuimos a Cancún de luna de miel. Y díganme, no es un sueño hecho realidad? Paso todo lo que mi mamá me dijo que una relación debía ser. Somos la pareja de esa revista que veía cuando era chica. El señor y la señora cirujano de Sanatorio Privado.

Pero señora…. Todavía cree en los cuentos de hadas? No sabe como termina el asunto?

Bueno, le cuento lo que me paso un día en que creía que las relaciones eran justas:

Ignacio quedo sin secretaria, estuvo buscando una como por dos meses y ninguna quedaba! Hasta que llego Andrea, lo vi feliz de nuevo cuando la actividad de la oficina se regularizó. Pero unos meses después, las cosas cambiaron. Empecé a comer sola porque las cirugías se extendían. Pasaba fines de semana sola porque viajaba a conferencias. Y después del segundo mes, lo supe. Me estaba engañando, el sueño se transformó en pesadilla. Y no sabía como arreglar todo. Cómo hacia para que me quisiera de nuevo? Qué hice yo para que me pase esto? Y las promesas? Qué pasó? Y solo hacia dos años que estábamos casados. Dejé de ser lo que era? Qué me falto? Qué me pasa?

Y lo cierto es que no hay preguntas que alcancen. Seguimos y pensamos y lo vemos acostado al lado nuestro en la cama viendo C.S.I. y no encontramos la explicación. Todavía lo queremos, queremos la casa de Barbie, el auto de Barbie, pero nos olvidamos a Kent en el camino. Y ese fue nuestro error, vivimos obsesionadas por todo lo que TENEMOS que hacer y no nos damos cuenta de lo que QUEREMOS hacer.

Mis esperanzas no eran las mías, mis sueños no eran los que soñé. Mis necesidades eran otras y ahora las veo. Siempre pensé que lo que quería mi mamá para mi era lo mejor! Y es así, lo que pasa es que mamá no sabe que soy una persona diferente. Somos humanas con necesidades menos económicas y un poco más afectivas.

Porque vivimos y priorizamos lo que quieren los demás? Cuándo empiezan a decirnos qué hacer? Porque nunca pensé que necesitaba alguien que me cuide y no que me mantenga? Donde deje de añorar a alguien que me tome en cuenta para que alguien ponga en frente mío lo que se supone que me tiene que gustar? Cuando fue que deje de tomar mis decisiones, aquellas por las que luche cuando estaba en la universidad?

Y así volvemos a nuestro centro femenino. Volvemos a lo primario de nuestro ser. Y volvemos a comenzar. Devolvemos el kit de Barbie y empezamos a buscar nuestras raíces. Quien soy y que quise… empieza a ser el motor de nuestro ser. Y con un poco menos de FE emocional, con un poco más de experiencia y con la ayuda de algunas amigas llegamos al comienzo. Alquilamos un departamento chico pero lindo, el barrio no es lo mejor pero lo voy a pintar de color durazno como YO quería cuando Ignacio me dijo que su casa no era un restaurante mexicano. Y resulto ser que durazno con el parquet oscuro y un sofá de segunda mano color caqui quedaba divino. Tengo mi propio lugar de nuevo! Me pasé toda la tarde pintando mi cocina de color verde musgo y los bordecitos color hueso, quede hecha un desastre pero la cocina parece nueva. Y me renació la idea de escribir de nuevo pero si toco la laptop así, se autodestruye. Corrí a las cajas que tenían el cartelito “blancos” saque las toallas que me regalo mi tía Esther y prendí el agua. Ah no, debe ser para el otro lado. Shit…solo salía un chorrito hirviendo pero no había agua fría.

Y así fue como lo volví a llamar. Y ni siquiera sabía si el teléfono era el mismo, pero contesto!

-“Carlos?” recé para que no me mandara a la mierda, porque me lo merecía. Hacia casi un año que no lo llamaba así como así. Casi siempre lo veía en reuniones que hacían mis amigas, pero nunca fuimos como antes. Hablábamos pero con un vacío interminable donde yo sabía que el me quería pero no le podía decir nada porque tenia mi compromiso ya establecido. Y el jamás se hubiera atrevido a decir nada…era un caballero.

-“Si, Lu?” y lo dijo como corroborando.

– “Si…estas ocupado?”

“No, Lu si sabes que los domingos estoy al pedo después del partido” era verdad, se tiraba a ver tele y comer chizitos con cerveza hasta que reventaba o alguien lo llamaba para joder un rato.

“No vendrías a ver que cornos le paso al agua?”, y me largue a llorar sin poder decirle que era lo que realmente le quería decir. Cosas como:”Soy una tarada, perdóname”

“ Que pasa Lu? Estás mal por lo de Ignacio? En media hora estoy por ahí” me dijo y sentí un alivio enorme.

“Ok” y se me escuchaba como sorbía los mocos como una nena de 4 años. “Te espero”

Y con las mejores palabras a la mano dijo: “Era tiempo.”

Nos tomo 10 minutos solucionar el asunto del agua (la cual no estaba ni cortada ni mal era solo que no abrí la llave de al ladito del inodoro), y toda la noche comprender porque él nunca dijo nada y porque yo jamás lo tomé en cuenta.

Nos tomo seis meses de noviazgo y un año de convivencia llegar al un registro civil a decirnos que nos había tomado mas de 5 años entender que era lo que realmente necesitábamos. Más que nada, comunicación.

Nunca volví a tener la casa de Barbie y de vacaciones nos fuimos a Aguas Verdes. Pero les juro que nunca la pasé mejor que en ese verano que fui Luciana de Hernandez, esposa Secretaria, y poseedora de una hipoteca. La casa de Barbie se transformo en un chalecito en Urquiza. El auto de Barbie se transformo en un Honda 1998 y a Kent a veces lo miro al lado en la cama mirando C.S.I. y me le tiro encima y le digo: “Gordo, vamos a la ducha a ver como funciona el agua?”

Luciana Palmisciano – Marzo 2, 2008.

Eramos tan distintos y somos tan iguales

Fue con todo el corazón. Fue con entrega,  con ganas,  con intención y voluntad. Y fue sin pensar demasiado. Ella nunca tomó conciencia real de lo que estaba viviendo; Sucedió “Así nada más”, dijo.
Él entendía todo lo que pasaba pero no lo sintió como algo nuevo que pasaba sin que la vida lo hubiera preparado.Nacieron así los amaneceres despiertos, las noches en vela. Las charlas interminables, los besos sin fin.

Crecieron así, las pulsiones  fueron sensaciones y envejecieron en sentimientos.

Aprendieron a vivir de una nueva forma: las rutinas cambiaron,  los otoños no eran ya marrones sino rojos y tibios. Los inviernos despertaban en cada uno de ellos y se disfrazaban de abrazos, de piernas entrelazadas, mimos ardientes.  Y los veranos eran maravillosos, se vestían de piel y juego.

Así fue, como entendieron la razón de los versos más tristes, de las películas románticas, de Romeo y Julieta y de las pinturas de mujeres desnudas y de hombres retratados miles de veces.

Así fue como entendieron que lo que sentían era universal. Se dieron cuenta de que no eran necesarios las defensas, ni los límites o los miedos, que lo que sintieron fluía solo.  Y finalmente que nadie nos prepara ni para pasarla mal, ni para pasarlo tan bien.

La vida fue de a dos, y no lo pensaron más y sintieron.

Y se peleaban, y no estaban de acuerdo, solo para reconciliarse y mediar sus razones con pasión y comedia.

Incluso pudieron compartir disparates como el futbol o las reuniones de “chicas”. Y pudieron reírse de sus errores y críticas.

“Eramos tan distintos y somos tan iguales.”

 

Luciana Palmisciano – Diciembre 19, 2013

 

Ve

Ve. Ve donde te lleve el pensamiento, la voluntad, y la acción.
Ve. Ve donde sientas siempre el sol iluminandote, donde te sientas abrazado por bondad.
Ve. Ve donde te lleven tus pies sin ninguna orden, sólo por responder a tu fluir.
Ve. Ve donde sientas que te completas, evolucionas, y te vuelves tu mejor versión.
Ve. Ve allí donde el sentir te salga del pecho, donde las palabras sean tu propio río, donde el hacer sea la madera que te constituya.
Ve. Ve allá donde el presente brilla y el futuro es inciertamente maravilloso.
Ve. Y no vuelvas aquí, pues esta instancia desaparecerá con alegría, viéndote ser.
Luciana Palmisciano – Agosto 4, 2017.

Aquel hombre compañero (Ejercicio – Breton)

Aquel es el hombre que elijo, con su discurso pacifico y una voz mezcla de miel y guerra.

Aquél, hombre a mi lado, acompañando cual sombra, unión de mimo, protección y complicidad.

Es el lleno de locura, vida y espíritu. Lleno de decires, y libertades ganadas.
Aquel el hombre que me elige. Completo en sus creencias, ávido en su reflexión. Hacedor y pensador constante.
Aquel mi hombre con pecho bravo, con pene aguerrido, con ojos profundos.
Aquel es el hombre amado. Con labios llenos de verdad, con lengua parte aguijón parte terciopelo.
Es ese el hombre que puede con sus manos sanar y batallar. Que usa sus dedos para tocar cada una de las letras y cada una de mis cuerdas como sinfonía eterna.
El hombre lleno de placeres propios y compartidos. Con espalda amalgama de coraza y lecho de mi descanso.
Es él, mio y suyo, libre. Que se sostiene en sus piernas, columna de vello, pivote de historias, sostén de realidades.
Es aquel mi hombre de ojos de espejo, figura que me devuelve quien soy. Es mi otro yo, el otro cuerpo que reconozco en mi mente.
Es él, soy yo, somos.

Soy

Soy mujer. Ni bebé, ni nena, ni minita.
Soy mujer ni feminista ni feminazi ni ninguna etiqueta estúpida que generes para ningunear el cambio de mi imagen en la historia.
Soy mujer y sangró y siento y atravieso ciclos. Y eso no es vergüenza, eso me da el poder al que le tenés miedo y por eso elegiste y eligieron ponerme un pie en la cabeza y sacarme derechos, despreciarme, y darme un lugar “detrás de un gran hombre”.
Soy mujer y luche años para que no me toquen el culo en un colectivo, para que la sociedad piense en mi como alguien que necesita sentir placer tanto como vos, para que no me juzguen por como me visto, con cuanta gente dormí, y si eran hombres u otras mujeres.
Soy mujer y sigo luchando para criar hijos varones que miren a sus compañeras mujeres como pares, para que ayuden en nuestra casa con nuestros hijos.
Soy mujer y no necesito un macho, ni que me mantengan, ni que me cuiden, ni me protejan. No soy mas vulnerable que vos. Simplemente no tengo miedo de decirlo, ni de demostrarlo.
Soy mujer, amo, siento, lloro, quiero, deseo, tanto como vos.
Soy mujer y defiendo mi derecho a un sistema de salud que me cuide siempre, me trate en un sanatorio privado o en una salita publica. Necesito que entiendas que mi cuerpo es mio, que decido sobre él, que no quiero morir producto de tu desidia, violencia, o negligencia. Necesito parir o abortar con los cuidados necesarios, con entendimiento, con respaldo.
Soy mujer y quiero un lugar en la política sin ser ‘primera dama’ segundona, quiero ser parte de la comunicación sin mostrar un escote, quiero decir sin transar mi ética. Quiero tener un trabajo que me permita tener un salario digno para mi y mis hijos o familia. No pienses mas que al lado mio hay otro sueldo. No es necesario que sigas pensando que necesito a alguien al lado. Puedo trabajar a la par de cualquiera y tener el mismo sueldo.
Soy mujer, no soy tetas o concha, soy humana y vibro con cada vínculo que tengo. No soy un cuerpo. No me vendas, no me esclavices, no me toques si no lo quiero, no me drogues o emborraches para acceder a mi cuerpo. No me trates como objeto.
Respeta mi edad, mi conocimiento, escuchame, vibra conmigo, aprendeme, sentime, puedo ser mucho mas de lo que imaginas o te dejaron imaginar.

Luciana Palmisciano – Junio 21, 2017.