Dualidad

Este mundo desafortunadamente se rige por la dualidad. Y pocos se animan a desafiarla y reconocer la tercera opción. Esa que entiende que ambos espacios se abrazan en algo que debemos aceptar.

Somos luz y oscuridad. No te enojes con tu oscuridad. Es una parte tuya, no se va a ir. Cuanto mas la abraces más aceptación vas a tener de vos mismo y vas a saber de qué sos capaz y de qué no. En vez de negar y enfermarte. Lo que callamos no se aleja, simplemente nos persigue.

Lo mismo pasa por la politica. Esos bandos que hay, son solamente lo mismo, sólo que con dos distintos modus operandi. Uno responde a unos intereses, y otro a otros. Y la realidad es que ambos son egoístas y siguen vendiendo parte de nuestro país a intereses externos.

Así son los vínculos. No hay malas personas, a veces malas elecciones. No es cuestión de enojarse o de proyectar en el otro frustraciones propias, sino de compatibilizar diferencias y maximizarlas. Nuestras elecciones pueden ser erróneas pero cada vínculo nos deja algo valioso. Solo hay que aprender a aprender de ellos. Y eso, nos pone mas cerca de lo que puede llamarse destino.

Los gustos, las metas, las necesidades siempre varían porque somos distintos y únicos. La intolerancia no sirve, sólo nos hace presos e incapaces de entender todo esto que nos rodea que es la vida y que tanto tiene para ofrecernos.

Darnos cuenta de todo esto es difícil, lleva tiempo, dolor, angustia, reflexión, soledad y compañía. Y el momento de entenderlo es propio y personal.
Reconciliate con tu “yo”, con tus pasos, con tu pasado y tu presente. Querete con lo bueno y lo malo… Te tenes para el resto de tu vida …

 

 

Luciana Palmisciano – Diciembre 19, 2016.

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Mis miedos.

Es culpa mía. No puedo con mis miedos, miedos que crecen y hacen identidad en tus agujeros más visibles.
Es todo mi culpa. El haber creado la ilusión, el generar expectativas. El comenzar a soñar.
Es mía la culpa. Me hago cargo de tu dolor (si lo hay) y del mío. Que me invade de a ratos cuando pienso que no te voy a ver más.
Me responsabilizo de mi abrupta ausencia. De reclamar lo que no corresponde. Y de añorar lo que no hay.
Me cargo al hombro tu desilusión y la mía. Y me las llevo lejos, incluso si no son grandes y pesadas. Creo podré aprender de ellas.
Me llevo lejos los ‘te quiero’ posibles. Las salidas que hubieran sido. Las tardes de charla que pense que tendriamos . La posible relación que quizás se hubiera dado.
No puedo. Cuanto más te veo más ruido me haces. Cuanto más razono más miedo tengo. Cuanto más siento más me ataca el pánico.
Lamento, sabiendo que no podras entender, perder lo pequeño y grande que hay. Lamento el desvanecer de tu presencia. Los modos de presencia. Lo que no oiste. Lo que me quedé diciendo. Lo que las palabras a veces no pueden explicar.
Lamento desde acá en soledad, en mi cueva de reflexión. Esa que visito cuando no se da lo que sueño. Lamentando sin poder solucionar.

 

Luciana Palmisciano – Diciembre 7, 2016.

El Patrón

Siempre me visitas, viejo amigo miedo. Escondido entre velos de diversión y risa. Siempre con disfraces distintos, con máscaras nuevas, engañandome.
Siempre visitas a pesar de mis grandes intentos de mejorar este tránsito lleno de vidas resueltas y dejadas de lado.
Tu rencor me asusta, tu persistencia me asombra, tu presencia me frena el corazón, cuestiona mi acción y dificulta mi sentir.
Adoraria tu ausencia, tu desaparición, siento que esa condena ya la cumplí, que esa lección está aprehendida en cada centímetro de mi piel.
Necesito que viajes a parajes menos conocidos, a algún lugar donde te necesiten; Lejos de mi. Necesito poder vivir y disfrutar de lo que siento sea exitoso o no. Sea lo que ansío o un capítulo más.
Querido miedo: Necesito vivir sin tus visitas constantes, alejarte como a tantas otras sensaciones que he vivido y que me han enseñado a caminar este mi sendero lleno de obstáculos. Desaparece junto a la mentira ajena.
Quiero una vida posible y justa. Una realidad sentida y un futuro lleno de amor. Querido miedo, ha sido un gusto y un dolor… Adiós.