Preservate ❤

-“Preservate”, dijo. No entendiendo que era un consejo en su contra.
Había escuchado esas palabras miles de veces. Habían sonado y resonado en mi mente tantas veces. Distintos timbres, voces masculinas y femeninas, voces de amigos y de conocidos y gente con la que hablaba de él como si fuera aquella anécdota que repetís constantemente porque divierte.
Pero yo ya aburria, me convertía en monotemática. Él era el problema a resolver que reverberaba en cada lóbulo de mi cerebro. Lo veía, lo sentía, lo escuchaba, lo tocaba, lo hablaba… Todo, todo el tiempo.
Era un problema. Me sentía volver a mis clases de matemática en quinto año, no entendiendo nada por haber faltado tantas veces debido a la enfermedad de mamá y no pudiendo atajar tanta información.
No lo podía atajar, se me había venido encima el amor. No lo quería, no quería enamorarme de él.  Era imposible, quieto, depresivo, no podía con él mismo… Podría conmigo? La única respuesta posible era “No”.
No podía conmigo, con nadie, no podía salir de su mundo, de sus problemas, de la relación enferma que tenia con ella. Una ella de esas que hacen la vida de terror a cada hombre que atrapan con su telaraña. Una ella que seguía alimentándose de su cuerpo, su alma, su mente.
“Que carajos hago acá?” había pensado un día encerrada en su baño mirando por el ojo de buey mientras entendía que me estaba enamorando de lo imposible.
Imposible, entender el porqué me quedé, creo que para cuidarlo, para abrazarlo, para olerlo… Que se yo. Esas cosas que una hace en medio de sentir cosas que no entiende.
Y sentí. Me quedé sintiendo lo que podía, lo que me dejaba sentir, lo que me permitía compartir. Sufriendo siempre porque sabía que no le pasaba lo mismo. Sentí todo lo que pude. Y me quedé hasta que sufrir se convirtió en dolor.
“Me dolés!”, le digo esas veces que le charlo mirándome al espejo. “Me dolés cada vez que me decís que te de un beso en la boca!”
Porque quiere que lo bese, porque es más “amoroso”, y yo lo esquivo porque si lo beso me enamoro pero me enamoro hundida en la decepción de enamorarse de quien no puede amar. Le esquivo la mirada fija, los besos mientras le hago el amor y el me coje, porque quiero salvar una dignidad que perdí hace como tres meses.
Y así me disfracé de amiga y me la creí, y entré en un limbo de sentir, de esconder, de esquivar, de intimidad, de compartir cosas que no se comparten. Me comparte los detalles de con quien está, con quien siente, con quien fuma, con quien todo… “Me dolés”, le dije al espejo que me devuelve la cara de una idiota que no entiende ni lo que siente, ni de como carajos llegó a este lugar de mierda.
-“Preservate”, me dijo.
Y así fué que le empecé a decir: “Me enamoré de vos y sé que me tengo que ir…”

 

Luciana A. Palmisciano – Octubre 23, 2016.

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