Los viajes internos, los viajes eternos

Hay viajes que no necesitan de ruedas ni alas.
Viajes que emprendimos sin más equipaje que nosotros mismos y nuestros pensamientos. Viajes solitarios y a veces en compañía.
Hay un tránsito interno, un fluir de sensaciones y sentimientos que nos acerca más y más a destino. Hay clima: nubes, oscuridad, claridad, tormentas, ráfagas que nos marcan, nos muestran donde ir y a veces donde solo nos dispersan y nos hacen perder.
Y la brújula que cargamos es el sentir, eso propio que nos define, que nos limita y muestra un mapa, el cual dibujaremos poco a poco, con el pasar de la vida. Y que cambia con cada giro, cada nuevo viaje, cada nueva experiencia.
Hay viajes más largos, más cortos, más osados y apasionados, a veces más exploradores, otros más cómodos, llenos de lujos, otros más llenos de contenido.
Pero estos viajes hacen una sola cosa, definirnos, ayudarnos a comprender el significado de nuestra historia y la razón de estar en este mundo.
Y lo encaramos con amor, sintiendo cada respiro propio y ajeno o podemos hacerlo con miedo, a lo nuevo, a lo distinto…Eso depende del viajante.
Cada viaje es una gran metáfora y aprender de ellos es entendernos, conocernos y a los que nos rodean, es saberse más allá de todo lo material, es descubrir nuestra esencia.
Transitar esta vida es el viaje interno por excelencia, es la aventura excelsa, es sacarnos la propia radiografía, es entender quiénes somos hasta el último respiro.

 

Luciana Palmisciano – Enero 14, 2016

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