Papá

El último mes mi viejo se ha deshojado.  Contrariamente a lo que piensan, no me refiero a su deterioro de salud. Si, lo vi cada día un poco peor, como despidiéndose lentamente, desconectándose del plano en el que estamos hoy llorándolo.
Pero, y en esto quiero hacer mucho hincapié, mi viejo se deshojo en anécdotas. Estuve todo un mes cuidándolo junto a su esposa y amor, Maria Ana.  Y así, entre internaciones y atenciones, conocí a otro papá.
Verán, que hace años decidí no tener pendientes con la vida. Y durante los últimos 8 años, con cada visita a Mardel, compartí mucho café, mucho tecito y mucho mate con mi viejo. Y de ahí salió lo que hoy le llamo “El reportaje”, porque empecé hablando con él como hija, pero luego terminé haciéndole un reportaje al hombre que fue. Y pude verlo de otra manera, pude conocerlo en todos sus aspectos, y finalmente, pude entenderlo completamente.
Mi viejo este mes no me pudo hablar como siempre. Este mes hablaron los demás, hablaron sus parientes, hablaron sus amigos, hablaron sus seres queridos.  Y vi más allá del hombre, lo conocí a través de los ojos de los demás. Y descubrí que mi viejo fue incluso mejor persona de la que pensaba.
Los gestos de cariño recibidos fueron incontables. Escuché fascinada sus travesuras de niño contadas por su prima Alicia, sus aventuras adolescentes de parte de Osvaldo, su compañero de la secundaria técnica, sus líos de jovencito de parte del “negro” Vizcarra,  y las anécdotas de adulto de parte de Carlos, su cuñado, y sus socios y colaboradores: Alberto, Nelson, Sebastián.
Hasta de sus clientes como la Sra. de e la calle Rejón, Miriam, que vino a traerle unas flores para que se sienta mejor, y termino llorando en la puerta de la casa cuando se enteró de su muerte.
He tenido charlas hermosas con amigos queridos como Marcos o Nancy que lo consideraban de su familia.
Y mis hijos, quienes últimamente no lo vieron mucho, se han comportado como hombres, caballeros, demostrándome que la familia que tengo es de una madera que se hereda, y se hereda con orgullo, pasión y corazón. Porque mis cachorros son eso, puro corazón, como mi viejo.
Y quizás me olvido de alguien, y no se me ofendan, pero fueron tantas charlas, tanto café con masitas, tanto AMOR de tanta gente de tantos lados, que hoy y siempre voy a sentirme orgullosa de ser la hija de mi querido viejo.
Tanto tanto, mis queridos amigos, que hace rato lo redimí, lo perdoné, le di paz y lo dejé volar, libre de culpas. Y nos hicimos amigos, con discusiones de política y todo, eh! Pero amigos de alma.

Luciana Palmisciano – 31 de Diciembre, 2015.

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