20 años…

Creo que mi madre es de esas personas a las que siempre voy a querer entrevistar. Hay tantos aspectos de ella que no conozco que no sabría por dónde empezar y sería maravilloso plantearme la situación para despacharme a gusto y piacere.

Mamá nació de una familia de alcurnia pero con muy poco dinero.  Mi bisabuela era Viuda, y su mamá también. Al abuelo Félix lo perdió a los dos años. No lo conoció… Pero si conoció como debía ser una mina sola en el mundo. Supo desde el principio lo que era la soledad femenina y como ranchárselas sola en todo.
Así fue como la conocí, instalando el cable, reparando cosas, en fin. Una amazona. Peleadora.
La historia de mis viejos es rara. Se conocieron mientras estaban en otras relaciones. Se eligieron todo el tiempo en medio de una locura tanto propia como histórica. Siempre en plena dictadura, con mucho caos social y ganas de salir adelante.
Mamá estudio sistemas, rarísimo,  pero acorde a lo que ella siempre fue: Inteligente y muy práctica. Yo nunca la vi en ese rol, porque cuando decidieron adoptarme, mamá se quedó en casa. UN EMBOLE. Y se le notaba lo aburrida que le resultaba la historia de ser ama de casa. Aprendía a cocinar al microondas, fue alumna de Francis Malmann  y de Choly Berreteaga, hacía de todo para encajar en el molde de la resignada esposa y no le salía.
Incluso se hizo amiga de las madres de algunas compañeras de mi colegio, y tampoco le salía bien. Siempre miraba todo con cara de “WTF?!”
Fuimos muy compañeras, ella tenía la fijación con que me pusiera moños en el pelo, y me trató de Barbie por un tiempo hasta que le raspe los zapatos de charol jugando a la pelota. No se llevaba bien con mi forma de ser y peleamos muchísimo para que me deje de romper las pelotas.  Y creo que un día se despidió de todo eso y me dejó ser un poco más yo misma.
A mis 13 años, se enfermó, así que no se mucho de mi mamá como mujer… Eso me quedó pendiente. Si sé que me habilitó constantemente en mis inquietudes, siempre fui a donde quise, leí lo que quise, jugué a lo que quise, pero no supe nunca como sentía como mujer… Una vez sola hablo conmigo de que mi papá y ella se estaban llevando mal en ese  momento… El resto fue silencio.
Su enfermedad duró 7 años. Siete años de operaciones, estudios, investigaciones, charlas con los médicos, internaciones. Y yo con mi humanidad adolescente, aprendí a ver por otra persona. Ojo! No pasábamos necesidad, teníamos buena posición económica, pudimos hacer todo lo posible para que se curara, pero ese no era el destino. EL destino fue cuidarla, aprender cocinar, y aprender a dejarla ir.
Por eso siempre pienso que fueron siete años de enseñanza de no tenerla. Y costó muchísimo. Pero se fue. Y nos dejó un gran vacío, se nos había presentado un vacío de pilar… Ella nos articulaba, nos organizaba, manejaba todo. Y cuando no estuvo, la vida se tornó en caos.
Siempre pienso que debería de haber habido una charla donde saber qué pasó con todo lo que quería hacer de su vida y  no pudo hacer. Creo que ella tenía una vida interna frondosa y colorida.
Creo que en algún punto, junto con papá y sus historias me dieron esta fortaleza que no comprendo todavía pero que tengo y me guía por la vida.
Hoy se cumplen 20 años de la partida de mi madre. Una mujer mezcla de misterio y  voluntad. La que me eligió, la que hizo lo que quería contra todo lo previsto.  La que voy a extrañar siempre y me pregunto cómo sería la vida con ella y mis dos hijos en el mismo cuadro. La que me enseñó tantas cosas que me siento su hija biológica.

 

 

(No hubo corrección alguna)

Luciana Palmisciano –  2 de Diciembre de 2015.

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