Alberto

Tus cafecitos. Tus dichos. La forma de gesticular al hablar. Las anécdotas con amigos. Los proyectos constantes. Tu imaginación frondosa. Los dichos de campo. Tu amor por los autos. Los tecitos con tostada a la mañana. Tú presencia constante. La colonia para después de afeitar. Las culpas como carga. El amor como contención. La ropa y tu coquetería. Tu risa estruendosa. La forma en la que acomodabas la nariz. Los dolores como compañía. La cajita de los medicamentos. Las llamadas a tus socios y colaboradores. Tú ayuda a quien se cruzara. La generosidad. Los consejos. Tu huerta. Los frutales. Tu conexión con nuestra familia. Tus mates por la tarde. Tu cariño inconmensurable.
Se fue tu cuerpo, pero tu presencia es infinita en cada uno de tus amigos y familiares. Nos dejas risa, asado, charla y pasión por lo que haces. Nos dejas motivación y fuerza.
Nos dejas el vínculo especial, una vida riquísima en experiencias, una educación excelente, la felicidad de haber sido parte de nuestra vida. La semilla de querer seguir a pesar de todo…
Te amamos, Pa… Siempre.

 

Luciana Palmisciano – 31 de Diciembre, 2015.

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Papá

El último mes mi viejo se ha deshojado.  Contrariamente a lo que piensan, no me refiero a su deterioro de salud. Si, lo vi cada día un poco peor, como despidiéndose lentamente, desconectándose del plano en el que estamos hoy llorándolo.
Pero, y en esto quiero hacer mucho hincapié, mi viejo se deshojo en anécdotas. Estuve todo un mes cuidándolo junto a su esposa y amor, Maria Ana.  Y así, entre internaciones y atenciones, conocí a otro papá.
Verán, que hace años decidí no tener pendientes con la vida. Y durante los últimos 8 años, con cada visita a Mardel, compartí mucho café, mucho tecito y mucho mate con mi viejo. Y de ahí salió lo que hoy le llamo “El reportaje”, porque empecé hablando con él como hija, pero luego terminé haciéndole un reportaje al hombre que fue. Y pude verlo de otra manera, pude conocerlo en todos sus aspectos, y finalmente, pude entenderlo completamente.
Mi viejo este mes no me pudo hablar como siempre. Este mes hablaron los demás, hablaron sus parientes, hablaron sus amigos, hablaron sus seres queridos.  Y vi más allá del hombre, lo conocí a través de los ojos de los demás. Y descubrí que mi viejo fue incluso mejor persona de la que pensaba.
Los gestos de cariño recibidos fueron incontables. Escuché fascinada sus travesuras de niño contadas por su prima Alicia, sus aventuras adolescentes de parte de Osvaldo, su compañero de la secundaria técnica, sus líos de jovencito de parte del “negro” Vizcarra,  y las anécdotas de adulto de parte de Carlos, su cuñado, y sus socios y colaboradores: Alberto, Nelson, Sebastián.
Hasta de sus clientes como la Sra. de e la calle Rejón, Miriam, que vino a traerle unas flores para que se sienta mejor, y termino llorando en la puerta de la casa cuando se enteró de su muerte.
He tenido charlas hermosas con amigos queridos como Marcos o Nancy que lo consideraban de su familia.
Y mis hijos, quienes últimamente no lo vieron mucho, se han comportado como hombres, caballeros, demostrándome que la familia que tengo es de una madera que se hereda, y se hereda con orgullo, pasión y corazón. Porque mis cachorros son eso, puro corazón, como mi viejo.
Y quizás me olvido de alguien, y no se me ofendan, pero fueron tantas charlas, tanto café con masitas, tanto AMOR de tanta gente de tantos lados, que hoy y siempre voy a sentirme orgullosa de ser la hija de mi querido viejo.
Tanto tanto, mis queridos amigos, que hace rato lo redimí, lo perdoné, le di paz y lo dejé volar, libre de culpas. Y nos hicimos amigos, con discusiones de política y todo, eh! Pero amigos de alma.

Luciana Palmisciano – 31 de Diciembre, 2015.

Mi lista de fin de año.

Necesito primaveras con flores coloridas y brisas llenas de aroma.
Libros llenos de palabras de bondad, alegría y generosidad.
Sonrisas de complicidad y gestos de amor.
Armonías continuas, con voces dulces e instrumentos honestos.
Abrazos acogedores, y sinceros.
Miradas inundadas de cariño y compañía.
Paz en compañía y en soledad, con silencios y en medio del bullicio.
Necesito palabras transparentes de personas que solamente amen la vida, respeten las diferencias, regalen bondad y piensen en el otro.
Necesito caricias llenas de amistad de manos suaves con gestos sencillos y llenos de cuidado.
Y de esta lista solo obtendré algunas pocas, pero que bueno es desear, necesitar, pedirle a la vida,  y luchar por cada una de ellas.

Querer Cordura.

Quiero cordura coherente.

Quiero problemas, lagrimas, llanto.

Quiero falta, y también perdida.

Quiero saber que estoy viva, que lo malo asecha.
Quiero cordura con amor

Quiero vivir en la tierra y no en el cielo

Quiero ver a alguien sufrir y sentirlo en el corazón.

Quiero caminar por la calle y entender lo que le pasa al otro.
Quiero cordura sentida

Quiero sentir al que tengo enfrente

Quiero poder llorar con quien padece

Quiero enojarme cuando le cortan la vida al prójimo
Quiero cordura sana

Quiero decencia, y humildad

Quiero no creerme mejor ni superior

Quiero poder entenderte
Quiero cordura real.

No quiero nunca sentirme impermeable,
No quiero locura extravagante sino real.
No quiero perderme de la vida entera.
No quiero encerrarme en la actualidad.

20 años…

Creo que mi madre es de esas personas a las que siempre voy a querer entrevistar. Hay tantos aspectos de ella que no conozco que no sabría por dónde empezar y sería maravilloso plantearme la situación para despacharme a gusto y piacere.

Mamá nació de una familia de alcurnia pero con muy poco dinero.  Mi bisabuela era Viuda, y su mamá también. Al abuelo Félix lo perdió a los dos años. No lo conoció… Pero si conoció como debía ser una mina sola en el mundo. Supo desde el principio lo que era la soledad femenina y como ranchárselas sola en todo.
Así fue como la conocí, instalando el cable, reparando cosas, en fin. Una amazona. Peleadora.
La historia de mis viejos es rara. Se conocieron mientras estaban en otras relaciones. Se eligieron todo el tiempo en medio de una locura tanto propia como histórica. Siempre en plena dictadura, con mucho caos social y ganas de salir adelante.
Mamá estudio sistemas, rarísimo,  pero acorde a lo que ella siempre fue: Inteligente y muy práctica. Yo nunca la vi en ese rol, porque cuando decidieron adoptarme, mamá se quedó en casa. UN EMBOLE. Y se le notaba lo aburrida que le resultaba la historia de ser ama de casa. Aprendía a cocinar al microondas, fue alumna de Francis Malmann  y de Choly Berreteaga, hacía de todo para encajar en el molde de la resignada esposa y no le salía.
Incluso se hizo amiga de las madres de algunas compañeras de mi colegio, y tampoco le salía bien. Siempre miraba todo con cara de “WTF?!”
Fuimos muy compañeras, ella tenía la fijación con que me pusiera moños en el pelo, y me trató de Barbie por un tiempo hasta que le raspe los zapatos de charol jugando a la pelota. No se llevaba bien con mi forma de ser y peleamos muchísimo para que me deje de romper las pelotas.  Y creo que un día se despidió de todo eso y me dejó ser un poco más yo misma.
A mis 13 años, se enfermó, así que no se mucho de mi mamá como mujer… Eso me quedó pendiente. Si sé que me habilitó constantemente en mis inquietudes, siempre fui a donde quise, leí lo que quise, jugué a lo que quise, pero no supe nunca como sentía como mujer… Una vez sola hablo conmigo de que mi papá y ella se estaban llevando mal en ese  momento… El resto fue silencio.
Su enfermedad duró 7 años. Siete años de operaciones, estudios, investigaciones, charlas con los médicos, internaciones. Y yo con mi humanidad adolescente, aprendí a ver por otra persona. Ojo! No pasábamos necesidad, teníamos buena posición económica, pudimos hacer todo lo posible para que se curara, pero ese no era el destino. EL destino fue cuidarla, aprender cocinar, y aprender a dejarla ir.
Por eso siempre pienso que fueron siete años de enseñanza de no tenerla. Y costó muchísimo. Pero se fue. Y nos dejó un gran vacío, se nos había presentado un vacío de pilar… Ella nos articulaba, nos organizaba, manejaba todo. Y cuando no estuvo, la vida se tornó en caos.
Siempre pienso que debería de haber habido una charla donde saber qué pasó con todo lo que quería hacer de su vida y  no pudo hacer. Creo que ella tenía una vida interna frondosa y colorida.
Creo que en algún punto, junto con papá y sus historias me dieron esta fortaleza que no comprendo todavía pero que tengo y me guía por la vida.
Hoy se cumplen 20 años de la partida de mi madre. Una mujer mezcla de misterio y  voluntad. La que me eligió, la que hizo lo que quería contra todo lo previsto.  La que voy a extrañar siempre y me pregunto cómo sería la vida con ella y mis dos hijos en el mismo cuadro. La que me enseñó tantas cosas que me siento su hija biológica.

 

 

(No hubo corrección alguna)

Luciana Palmisciano –  2 de Diciembre de 2015.