Vamos.

Y llegaste. Así, raudo, sin aviso, sin que te esperara, sin fe, sin buscar, sin ánimos ni esperanza.

Llegaste así, con cuerpo de Adonis, con pocas palabras, con muchas acciones, con cariño, con seguridad, con certezas y dulzura.

Llegaste con las manos llenas de fuerza, con los ojos llenos de ilusión, con la boca llena de sinceridad, y con la cara llena de gestos de amor.

Llegaste y barriste con mis miedos. Lamiste mis heridas. Acariciaste mis ansiedades y calmaste mis dudas a fuerza de acción.

Apareciste un día y solo pediste una oportunidad, me contaste tus sueños,  me describiste tus vacíos, detallaste tus desventajas, desnudaste tus fallas.

Llegaste casi transparente, rudo, animal, apasionado, calmo, libre, sin peros, abierto, real, generoso.

Y me ganaste y me callaste y me curaste con mimos, con interés, con espacios, con abrazos, con ganas, con movimiento,  con futuro…

No pude decir “no”. Me resistí hasta que me di cuenta que no tenía sentido. Y te pelee incluso en tus brazos. Y me deje llevar por vos… Vamos.

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