Rubén

Hoy lo conocí a Rubén. Imagino que él no debe saberlo. Lo conocí en  un Retiro congelado, gris y atestado de gente que corre, se impacienta y refunfuña.

Apareció en una estación de tren que lo llevaba a él a su mama y a sus tres hermanitos a mi estación, Saavedra.

Rubén entro a la plataforma número 3 donde el Ramal Mitre descansa por cinco minutos antes de volver a destino por décima vez este 13 de Julio de 2010 a las 11:11 am.

Es rubio de ojos claros. Su guardapolvo me dice que hace dos años que no le compran otros y que mama este fin de semana no lo lavo. También me dice que a Rubén es muy activo y que se arrastra cuando juega.

Su pelo, su carita, y su lenguaje me cuentan de su historia.  EL corte de pelo, me dice que vive con gatos que no son animales de cuatro patas, su cara me dice que tiene frio y su lenguaje, la música que canta, y sus expresiones me dicen que la 31 crece.

Mama quiere algo mejor para él.  Viajan a Saavedra para que él y sus hermanitos estén con chicos de barrio, un poco más lejos de la violencia y un poco más cerca de una familia que de las ausencias.

Rubén, sin embargo, demuestra que su barrio lo influye y lo incluye. Le grita a mama: “Acá es donde llega el tren, Mamita!” Camina unos pasos y le pega un cartel que muestra los horarios de los trenes, al grito de: “Boluda de mierda!” Y se pierde entre la muchedumbre que forma.

Mama con una beba a upa, dos hermanitos y dos amiguitos o primitos, hace oídos sordos y mira para el otro lado.

Cuando llega el tren, su grupo invade un área del vagón.  Un cafetero llega y canta:”Café, café!” Rubén le pregunta, es muy caro. Entonces sale como una tromba del tren y al instante vuelve con una gaseosa.  Y cuando la abre, no toma ni una gota. Le pone una pajita y empieza a distribuirla entre todos (primero la bebe).

Al terminar, comienza a gritar:”Café, café!”, los gritos se oyen en todo el tren. Rubén lo dice como queja, como diciendo: “El café es más necesario, pero no me alcanza.” Y en su enojo, le pega un cachetazo a su hermanito de 5 años que tienen un pintorcito. EL nene, lo mira atónito, larga dos lágrimas y pregunta triste: “Porque Rubén?”

Rubén sonríe, y sigue gritando: “Café, café!” Y revolea la tapita de la gaseosa, que en vez de pegarme en la cabeza, rebota en un cano.

Y yo, no reacciono mal. Lo miro fijamente, pensando que lo entiendo, pero que lo que hizo no corresponde. Y Rubén me mira, no se disculpa pero se sienta en su lugar y unos minutos después se queda dormido.

Para cuando llegamos a Colegiales, Rubén escucha a un vendedor de sanguches y le pregunta el precio. Cuando le responden pregunta: “Y si compro más de uno? Cuánto salen?”

El vendedor lo mira y le responde:”Eso es lo que sale”.  Así el nene explica:”Si compro uno, no nos da.”

A la altura de Coghlan, pregunta sobre los chocolates. Y si compra de a muchos le bajan el precio. Rubén le dice a mama: ”La gaseosa me salió $3 así que ayer hice $21”.

Rubén compro tres chocolates por $10 y los distribuyo entre todos.

A las 11:27Am llegamos a Saavedra  y nuestros caminos se separaron. Y me quede pensando si mi ayuda podía hacer alguna diferencia.

Me pregunto si el ofrecimiento de hablar cuando lo necesite, de ropa, calzado o algo lo calmaría y le ayudaría a afrontar su realidad. La que él sabe que es distinta de los demás, solo porque LE TOCO ASI.

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