Mi habitación

A veces, me pienso en un cuarto oscuro, vacío, con  una sola ventana hacia un anochecer, y una puerta cerrada con llaves.
A veces me siento que en esa habitación sola casi desnuda, con el pelo   sobre la cara, con la mirada perdida, con mis pies descalzos,  puedo   llenar cada pared blanca con mis pensamientos. Con lo que genera aquello  que no se dio. Con un inevitable ” no”, con la pérdida, con la muerte y  la quietud.
Entonces, me siento abrumada por la oscuridad, por silencio y hay algo en  mi que no soporta ese espacio. Hay una parte mía que llora y grita desesperadamente por lo que sucedió pero de ese grito se genera la   voluntad. Esa motivación, ese motor, ese movimiento propio interno, esa capacidad de renacer… Esa luz…
Entonces me doy cuenta que la habitación no es tan oscura, porque por la  ventana se ve un amanecer dorado y naranja aullando vida. Y sin entenderlo me levanto, casi como volando, y abro la ventana, y veo  que la habitación cobro vida, que hay pintura, y música, y aroma a jazmines, y posibilidad…
Porque en cada fracaso hay un aprendizaje. Cada noche se transforma en   día. Cada fin revela un comienzo.
Cada vez que miro lo malo a los ojos, me doy cuenta que necesita tiempo para ser bondad.

Luciana Palmisciano – Mayo 14,2015.

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