Que vas a HACER?

Empezaron mintiendo. Negando medidas que sabiamos que iban a tomar por el tipo de gobierno que habían ejercido en CABA.

Ganaron prometiendo y pidiendo que te sacrifiques mientras llevaban el término ‘conflicto de intereses’ a todo un nuevo nivel. Obsceno.

Gobiernan con negación, mentira, violencia, comprando medios. Te hablan de mejoría mientras ves a los sectores más vulnerados volviendo a las calles, la droga aumentando su alcance, la explotación agrandandose, y el dinero devaluándose a pasos agigantados.

Si confías en la justicia perdiste. Y si te quejas te cagan a palos o te matan. No pertenezcas a una ‘minoria’ porque te va peor, te reprimen por besar, te matan por salir a la calle a reclamar lo tuyo.

Y si votaste a legisladores hoy te despertaste entendiendo que se vendieron todos a la mayor estafa que sufrió la Argentina. Sometiendo a los jubilados. A quienes ya les habían sacado remedios y cuidados.

Van por todo. Van por nosotros. Vos que vas a hacer?

Luciana Palmisciano – Diciembre 1, 2017.

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Volver

Volvamos a la tribu. Volvamos, dale.

Volvamos al fuego, a las historias, a la reunión en círculo. A compartir.

Dale, volvamos a la tribu, a mirarnos a los ojos, a celebrar esas diferencias que nos dan identidad.

Volvamos a la luna, a las mareas, a los tiempos del cuerpo.

Dale, volvamos a la tierra a ensuciarnos con barro, a disfrutar del río y del sol.

Volvamos a amasar con las manos,  a tocar el pasto con los pies, a entrelazar hilos con los dedos, a sentir el sol en la piel sin protección UV, a ponerte linda sin maquillaje, a cojer sin parámetros sociales, a sentir sin miedo a la etiqueta.

Vamos a la tribu, al cántico que nos una en un solo discurso que nos refleje a todos.

Vamos a la cooperación, a ponerle nombre a la vaquita que nos da la leche, a hilar y tejer.

Volvamos a lo importante: Olvídate de lo que tenés: en tu placard, en tu casa, en tu garaje, en el banco.

Volvé a leerte: a leer cada mensaje que te envía el cuerpo, los dolores, los olores, las texturas, los ruidos. Si… tus propios sonidos, gustos, colores… Todo eso.

Volvé a tocar: al abrazo, a la caricia, la cosquilla, la piel de gallina, la estática que provoca un roce.

Volvamos a vivir en grupo: a cuidarnos entre todos, a saber con quienes hablar de plantas, de comida, de agua, del clima, de vestir, de sanar, de curar, de vivir.

Vamos allá a vivir de la caza, de la pesca, de la tierra, del amor puesto en cada tarea, del trabajo en comunidad. A buscar el equilibrio del que tanto hablan y que no está por ningún lado.

Dale. Volvamos a la tribu. A humanizarnos y deshumanizarnos.

Luciana Palmisciano – Noviembre 13, 2017.

IDENTIDAD

Hace 42 años, mi padre, sabiendo que nunca podría tener hijos, tomó la decisión de comprarme. Yo me convertí en un regalo, la expresión del amor que mi padre sentía por mi madre. Llegaría en unos meses, hija de una chica muy jovencita que un día se presentó en el consultorio de la partera María Luisa Zarini de Justo para abortar.

En su discurso, la partera le ofreció casa, comida y dinero hasta que yo naciera y me llevarán con mis padres/apropiadores.

Podría decir que soy adoptada y no apropiada, pero esa no sería yo; que indefectiblemente llamo a las cosas por su nombre.

Aquella jovencita, mi madre biológica, vivió siendo la mucama de la casa hasta mi nacimiento. Mis padres de crianza y apropiadores le pagaron la suma acordada y previo certificado de nacimiento de parto domiciliario a nombre de ellos, me convertí en Luciana Andrea Palmisciano Guevara.

Tuve todo. Goce todo. Siempre con esa sensación de “Sapo de otro pozo” que sentimos todos los adoptados. Esa cosa de no encajar, porque, en algún punto, sos la pieza de otro rompecabezas.

Durante los 30 años siguientes a mi nacimiento, tuve sensaciones, y preguntas a mis padres. ¿Por qué no me parezco a Uds.? ¿A quién me parezco?
Aparentemente había toda una discusión por detrás: Amigos de mis padres y en parte mi padre, sentían que nos tenían que criar como adoptados, sabiendo la realidad. Mi madre, quizás por su propia inseguridad, por humana, como todos, nunca quiso decirnos. Muy a pesar de las recomendaciones externas.

Los tabúes familiares son tan pesados que siempre caen por su propio peso. Al haber nacido en 1976, luego de haberme mudado a EE.UU. me di el espacio para empezar a pensar de que era posible que no fuera hija biológica de mis padres.

Mi primera duda fue pensar en que era hija de desaparecidos, y por allí empecé, viendo fotos de chicas desaparecidas, encontré una que se parecía mucho a mí. Una chica de una foto de Internet se parecía más a mí que mi madre… No lo podía creer, busqué más fotos, no encontré. Ella era Tucumana, joven, con el pelo corto. Tuve un momento de desesperación súbita. Mis sospechas se confirmaban. ¿O no?

Completar el formulario de Abuelas fue algo surreal, lo hice en medio de un ataque, estaba muy nerviosa, no entendiendo nada de lo que sucedía, pero haciendo lo necesario para poder seguir este camino que se abría ante mis ojos. Conocer por internet a Marcos, el representante de Abuelas de Plaza de Mayo que se contactó conmigo, fue reparador a mi ataque de histeria que persistió por varios días. Marcos me tranquilizó, me instruyó, me escuchó, y me guió. Su compañía durante esos momentos fue una gran muleta.

Durante todo este período, que recuerdo como se recuerda una situación traumática, de a cachos y con intriga, mi ex esposo acompañó como pudo, mis hijos eran chiquitos y espero haberles transmitido algún tipo de estabilidad (la cual no tenía ni por asomo). Mi padre fue absolutamente comprensivo y compañero. Respondió todo lo que le pregunté, lloró, se disculpó, me envió documentos por correo, me entendió instantáneamente. Y si bien, tuve un periodo de enojo y puteada, aprendí a entenderlo. Más adelante entendí a mi madre. Verán, yo ya era madre y era inevitable reconocerme humana y reconocer mis propios errores.

Abuelas intentó hacerme el ADN vía correo diplomático, pero por temas legales y demás que no vienen al caso, no pude hacerlo. Y ahí es donde mi alma empezó a apuntar al sur. Hay pendientes que no esperan, este era un pendiente al que le debía mi atención, mi presencia, mi corazón. Y volví a Argentina. Y 10 días después, los primeros días de Abril del 2007, me hice el ADN. Y fue negativo, y eso abrió otras puertas y otros caminos, y otro universo.

Conocer a Marcos en persona fue genial, es un tipo simple, sabio a su manera, amoroso. Tuvo a cargo la noticia del negativo. Pero la supo llevar y yo también, se ocupó de dos cosas: La primera fue una bendición: me contactó con la que hoy es mi hermana del alma, la persona que sabe todo de mí, y la que me acompaña en mis sentires más profundos, Ceci. La segunda, fue darme información de cómo seguir. Y allí entendí que la tenía muy jodida. Verán la búsqueda de la identidad en Argentina se concentra en la búsqueda de hijos y nietos de desparecidos. No tanto en los niños apropiados, vendidos. No había base de datos más que asociaciones como Raíz Natal donde, en una página web, Madres e Hijos contaban su historia y esperaban que la misma fuera leída.  La difusión es poca y el tema un tabú social. Más que nada porque la venta de bebés es un tema vasto pero “de eso no se habla”, porque siempre hay jueces, médicos y gente que lucra y lucran lo suficientemente bien para mantener el silencio.

Hace mucho tiempo que peleo con mi YO interno, no quiero ir a ver a la partera que me vendió. Tengo miedo de mí, porque sé que trata muy mal a las chicas como yo y a las madres biológicas como la mía cuando le tocan la puerta. Y esa injusticia me rebela. No sé si sigue viva, no sé si alguien de su familia se sigue dedicando a lo mismo.

¿Saben qué me pasa? Más allá de haber tenido muchísimos privilegios y que me criaron bien, pienso en una chica de 17 años, asustada, queriendo abortar porque no sabe para dónde disparar, y me resulta muy injusto que lacras así, hagan negocio de esa desesperación.

Durante mi estadía en EEUU y mí vuelta a la Argentina, no solo tome contacto con Ceci. Sino también con personas que vivieron situaciones similares a la mía. Y así conocí a Mauricio, a María Fernanda, a Miguel, y a Verónica. Con quien tengo una relación de hermana mayor. La siento una versión mía con 10 años de adelanto. Ambas madres solteras, de Leo, frontales, con huevos como melones. Si, coraje y decisión. Verónica durante unos cuantos años luchó por una ley de identidad. Y el año pasado, nació la Secretaria por la identidad.  Y se abren otras puertas, las de ayudar al prójimo y la de dejar mi rastro en un lugar, quizás para ser buscada y encontrada, quizás para no serlo nunca. ¿Quién sabe? Aunque déjenme decirles, que tener la posibilidad, ya es una forma de trascender.

El banco de datos genéticos nos da la oportunidad de buscarnos y encontrarnos. Necesitamos de madres que se acerquen a dejar una muestra y de hijos, como yo, que dejen la suya. Sabemos que en estas cuestiones, animarse a abrir estos temas en la familia es parte de un proceso. Pero si te encontrás en el momento indicado para abrir esta puerta y transitar el camino a tu identidad, solo debés enviar un email a: IDENTIDADBIOLOGICA@JUS.GOV.AR 

Sea como sea, te vas a encontrar con mujeres y hombres como vos, con este mundo a flor de piel, con gente que sabe de lo que vas a hablar y con qué carga emocional lo vas a hacer.

Información Adicional:

En Facebook

22 de Octubre: Día Nacional de la Identidad

Identidad Biológica

Gran Logro

 

Luciana Palmisciano – 27 de Octubre de 2017.

 

Pesadillas

Creo que fue en el medio de aquella tormenta, donde vi el viento desde tu ventana. Allí donde los árboles se ven a lo lejos, donde las sirenas casi no se escuchan. Recuerdo haber sentido nauseas, negar la toma, entender las consecuencias. Pero nada más. Solo me di cuenta de algunas sensaciones, de tener el pelo revuelto, de sentirme libre de mi soledad.

Creo que vislumbre algo en la mañana de aquel encuentro. Ese que tuvimos a escondidas, cuando nos escapamos de nuestras vidas a vivir una aventura locuaz, llena de detalles estúpidos, de cuentas baratas, de licores amargos, de colores vacíos.

Sospecho haber imaginado que algo sucedía cuando me di cuenta de que tus facciones no eran horribles, creí que alucinaba ante tanta rareza. Aquella que me hacía seguir hablando, sin hacer lo que deseaba. Y me fui.

Imagino que algo presentí, la tarde que me quedé más de la cuenta, porque me encerraste en un silencio que nunca pude llenar. Y me perdí. Me perdí en un laberinto de nadas que formaban un castillo, ese rodeado de peligros. Y me hundí.

Pensé que capaz era un sueño, aquel atardecer donde pude hablar más de lo esperado, y pude liberar aquellos abrumantes pensamientos, esos que me hacen muy propia y de nadie. Y escapé hacia mi paraíso de silencios y barreras iracundas.

Nada es cierto, ni cuerdo, ni real, ni tangible. Pero lo siento. Siento todo eso invadirme. Y me sentí en la larga pesadilla de tu amor. Y huí.

 

Luciana Palmisciano – Abril 25, 2013.

 

No importa

No importa que tengas aquel auto último modelo, importa que me transportas, que contigo vuelo.
No importa ir a puerto madero, siento que cuando estoy contigo bebo de tu piel, me nutro de vuestro suspiro.
No importa si dices que me amas, o me quieres o qué sientes. Importa lo que no dices, tus gestos tus atenciones de inconmensurable amor.
 

No importa si vives en La Quiaca, en Barrio Norte o en el Contigo. Importa que estás conmigo, que no hay nadie más, que te completo.

No importa tu seguridad, importa que lloras conmigo, que mis brazos te alientan, y que yo en los tuyos vivo y muero en un instante.

No importa tu entrega fugaz, tu aseveración perfecta, tu verso despampanante. Importa que soy parte tuya y tú mía.

No importa la perfección de tus facciones o la belleza de tus trapos. Importa que en tu pelo descanso y que en tu pecho anido.

No importa si vives de la madera, del metal o de la piedra. Vives de tus sueños, de tus acciones, y de tu ambición.

No importa si la sociedad te reconoce, si tu historia supera la de muchos, si has dormido con una ciudad. Hoy eres mío, único y yo única para tí.

No importan tus imposibilidades, ni las mías. Esto es real, tangible y lo vivimos.

No importo yo, ni tú. Somos nosotros y ya nada es igual.

 

Luciana Palmisciano – Agosto 28, 2008.

De porqué a veces se necesita un hombre, pero de verdad

Y porqué no? Acaso, no es cierto? Creo que los necesitamos siempre. Siempre hay que abrir un frasco, atornillar una silla que ya esta media clueca o tirar un chorro de ácido muriático a la bañadera que esta un poco pasada de óxido.

Y los hombres se han ganado el desagradable lugar del “arregla todo”.

No importa qué es lo que no funciona o funciona mal, siempre hay una mujer preguntándoles como arreglar esto, aquello o lo de mas allá.

El pago? Si sos un suertudo quizas un poco de romance. Sino, sos el eterno amigo de la morocha que solo te llama para que la ayudes y nunca para que te ayude ella. Eso si, por lo general nunca hay plata de por medio…

-“Hola, Carlis, podrías venir a casa que se me rompió el duchador y no me puedo bañar?”

Y ahí esta Carlos, en 5 minutos como perro de caza. Pero lo rígido no es la trompa y no apunta a la presa. “No lo puede creer, esta divina!” piensa. Y el cayó a la casa justo cuando tenía el bikini ese amarillo de las tiritas y la toallita al hombro.

-“Y Carli, que pensás que le pasó?”

Y Carlos embobado y con una leche tremenda piensa “Cualquiera se tapona mirándote a vos, MAMASA INFERNAL!!” Ahí fué donde Carlos perdió los seis años de análisis de sistemas, los postgrados en Inglaterra, Los viajes a Suiza, y toda la educación que le dio su mamá.

Y lo cierto es que nos aprovechamos, jamás vas a llamar a Ignacio, tu otro amigo médico que es un bombonazo, que te gusta y que no sabe nada de la vida. Ignacio perdió su valor en hombre el día que se hizo cirujano. Dejo de ser práctico y por eso por más que esté que se parta, no lo llamas ni a palos, “Ese duchador es mi vida, sino como me baño!”

Somos aprovechadas eh! Carlos es un rey, es bueno, práctico, inteligente, se da maña y nosotras nos fijamos en el inútil del doctor?! No se vale.

Y lo cierto es que Ignacio, quizás, y solo quizás, nos dio bola.

-”Mamá! Me caso con el cirujano que te conté!”

Y se te dió. Es hermoso, exitoso y nos dio un anillo. Nos casamos en una iglesia de sueño y fuimos Malibu Barbie ese verano en que nos fuimos a Cancún de luna de miel. Y díganme, no es un sueño hecho realidad? Paso todo lo que mi mamá me dijo que una relación debía ser. Somos la pareja de esa revista que veía cuando era chica. El señor y la señora cirujano de Sanatorio Privado.

Pero señora…. Todavía cree en los cuentos de hadas? No sabe como termina el asunto?

Bueno, le cuento lo que me paso un día en que creía que las relaciones eran justas:

Ignacio quedo sin secretaria, estuvo buscando una como por dos meses y ninguna quedaba! Hasta que llego Andrea, lo vi feliz de nuevo cuando la actividad de la oficina se regularizó. Pero unos meses después, las cosas cambiaron. Empecé a comer sola porque las cirugías se extendían. Pasaba fines de semana sola porque viajaba a conferencias. Y después del segundo mes, lo supe. Me estaba engañando, el sueño se transformó en pesadilla. Y no sabía como arreglar todo. Cómo hacia para que me quisiera de nuevo? Qué hice yo para que me pase esto? Y las promesas? Qué pasó? Y solo hacia dos años que estábamos casados. Dejé de ser lo que era? Qué me falto? Qué me pasa?

Y lo cierto es que no hay preguntas que alcancen. Seguimos y pensamos y lo vemos acostado al lado nuestro en la cama viendo C.S.I. y no encontramos la explicación. Todavía lo queremos, queremos la casa de Barbie, el auto de Barbie, pero nos olvidamos a Kent en el camino. Y ese fue nuestro error, vivimos obsesionadas por todo lo que TENEMOS que hacer y no nos damos cuenta de lo que QUEREMOS hacer.

Mis esperanzas no eran las mías, mis sueños no eran los que soñé. Mis necesidades eran otras y ahora las veo. Siempre pensé que lo que quería mi mamá para mi era lo mejor! Y es así, lo que pasa es que mamá no sabe que soy una persona diferente. Somos humanas con necesidades menos económicas y un poco más afectivas.

Porque vivimos y priorizamos lo que quieren los demás? Cuándo empiezan a decirnos qué hacer? Porque nunca pensé que necesitaba alguien que me cuide y no que me mantenga? Donde deje de añorar a alguien que me tome en cuenta para que alguien ponga en frente mío lo que se supone que me tiene que gustar? Cuando fue que deje de tomar mis decisiones, aquellas por las que luche cuando estaba en la universidad?

Y así volvemos a nuestro centro femenino. Volvemos a lo primario de nuestro ser. Y volvemos a comenzar. Devolvemos el kit de Barbie y empezamos a buscar nuestras raíces. Quien soy y que quise… empieza a ser el motor de nuestro ser. Y con un poco menos de FE emocional, con un poco más de experiencia y con la ayuda de algunas amigas llegamos al comienzo. Alquilamos un departamento chico pero lindo, el barrio no es lo mejor pero lo voy a pintar de color durazno como YO quería cuando Ignacio me dijo que su casa no era un restaurante mexicano. Y resulto ser que durazno con el parquet oscuro y un sofá de segunda mano color caqui quedaba divino. Tengo mi propio lugar de nuevo! Me pasé toda la tarde pintando mi cocina de color verde musgo y los bordecitos color hueso, quede hecha un desastre pero la cocina parece nueva. Y me renació la idea de escribir de nuevo pero si toco la laptop así, se autodestruye. Corrí a las cajas que tenían el cartelito “blancos” saque las toallas que me regalo mi tía Esther y prendí el agua. Ah no, debe ser para el otro lado. Shit…solo salía un chorrito hirviendo pero no había agua fría.

Y así fue como lo volví a llamar. Y ni siquiera sabía si el teléfono era el mismo, pero contesto!

-“Carlos?” recé para que no me mandara a la mierda, porque me lo merecía. Hacia casi un año que no lo llamaba así como así. Casi siempre lo veía en reuniones que hacían mis amigas, pero nunca fuimos como antes. Hablábamos pero con un vacío interminable donde yo sabía que el me quería pero no le podía decir nada porque tenia mi compromiso ya establecido. Y el jamás se hubiera atrevido a decir nada…era un caballero.

-“Si, Lu?” y lo dijo como corroborando.

– “Si…estas ocupado?”

“No, Lu si sabes que los domingos estoy al pedo después del partido” era verdad, se tiraba a ver tele y comer chizitos con cerveza hasta que reventaba o alguien lo llamaba para joder un rato.

“No vendrías a ver que cornos le paso al agua?”, y me largue a llorar sin poder decirle que era lo que realmente le quería decir. Cosas como:”Soy una tarada, perdóname”

“ Que pasa Lu? Estás mal por lo de Ignacio? En media hora estoy por ahí” me dijo y sentí un alivio enorme.

“Ok” y se me escuchaba como sorbía los mocos como una nena de 4 años. “Te espero”

Y con las mejores palabras a la mano dijo: “Era tiempo.”

Nos tomo 10 minutos solucionar el asunto del agua (la cual no estaba ni cortada ni mal era solo que no abrí la llave de al ladito del inodoro), y toda la noche comprender porque él nunca dijo nada y porque yo jamás lo tomé en cuenta.

Nos tomo seis meses de noviazgo y un año de convivencia llegar al un registro civil a decirnos que nos había tomado mas de 5 años entender que era lo que realmente necesitábamos. Más que nada, comunicación.

Nunca volví a tener la casa de Barbie y de vacaciones nos fuimos a Aguas Verdes. Pero les juro que nunca la pasé mejor que en ese verano que fui Luciana de Hernandez, esposa Secretaria, y poseedora de una hipoteca. La casa de Barbie se transformo en un chalecito en Urquiza. El auto de Barbie se transformo en un Honda 1998 y a Kent a veces lo miro al lado en la cama mirando C.S.I. y me le tiro encima y le digo: “Gordo, vamos a la ducha a ver como funciona el agua?”

Luciana Palmisciano – Marzo 2, 2008.

Eramos tan distintos y somos tan iguales

Fue con todo el corazón. Fue con entrega,  con ganas,  con intención y voluntad. Y fue sin pensar demasiado. Ella nunca tomó conciencia real de lo que estaba viviendo; Sucedió “Así nada más”, dijo.
Él entendía todo lo que pasaba pero no lo sintió como algo nuevo que pasaba sin que la vida lo hubiera preparado.Nacieron así los amaneceres despiertos, las noches en vela. Las charlas interminables, los besos sin fin.

Crecieron así, las pulsiones  fueron sensaciones y envejecieron en sentimientos.

Aprendieron a vivir de una nueva forma: las rutinas cambiaron,  los otoños no eran ya marrones sino rojos y tibios. Los inviernos despertaban en cada uno de ellos y se disfrazaban de abrazos, de piernas entrelazadas, mimos ardientes.  Y los veranos eran maravillosos, se vestían de piel y juego.

Así fue, como entendieron la razón de los versos más tristes, de las películas románticas, de Romeo y Julieta y de las pinturas de mujeres desnudas y de hombres retratados miles de veces.

Así fue como entendieron que lo que sentían era universal. Se dieron cuenta de que no eran necesarios las defensas, ni los límites o los miedos, que lo que sintieron fluía solo.  Y finalmente que nadie nos prepara ni para pasarla mal, ni para pasarlo tan bien.

La vida fue de a dos, y no lo pensaron más y sintieron.

Y se peleaban, y no estaban de acuerdo, solo para reconciliarse y mediar sus razones con pasión y comedia.

Incluso pudieron compartir disparates como el futbol o las reuniones de “chicas”. Y pudieron reírse de sus errores y críticas.

“Eramos tan distintos y somos tan iguales.”

 

Luciana Palmisciano – Diciembre 19, 2013